Como un árbol de deseos, satisfizo los anhelos de los devotos






Como un árbol de deseos, satisfizo los anhelos de los devotos

Cuando el Señor de los sannyasis llegó a Nilacala, primero liberó al famoso pandita del Vedanta llamado Vasudeva Sarvabhauma y luego procedió al sur de India donde había muchos seguidores de diferentes filosofías. Allí, al igual que un árbol de deseos, satisfizo los anhelos de los devotos que vivían en los distintos lugares sagrados. Él tuvo un encuentro con Ramananda Raya, quien era como una nube cargada de devoción, y lo empoderó para que lloviera en todas partes las melosidades del amoroso servicio espontáneo de Vrndavana (raga-bhakti). Yo canto con gran deleite las glorias infinitas de mi amado Gaurasundara, mi Señor Dorado, la divina morada del amor puro. 

Sus argumentos siempre frescos y originales

Sus argumentos siempre frescos y originales, delineando las reales conclusiones de los Vedas, devastaron los repetidos intentos de Sarvabhauma (chala, vitanda, nigraha y otras técnicas) para establecer la filosofía vivartavada de Sankara, impersonal y atea, la cual es apoyada solamente por hombres orgullosos de mentalidad malvada y demoniaca. Contrariamente, el Señor predicó que el complejo entero de las Escrituras védicas debe ser visto como un templo donde se guarda como reliquia la devoción pura por Krsna (Krsna-bhakti). Yo canto con gran deleite las glorias infinitas de mi amado Gaurasundara, mi Señor Dorado, la divina morada del amor puro. 

Su encantadora belleza


Su divina figura, el lugar de morada del dulce amor, embellecida por Sus marcados y hermosos rasgos y Sus bien formados miembros, incrementa grandemente el placer de los semidioses. Su alta y refulgente figura, más encantadora que la luna, ridiculiza la belleza de cientos de doradas flores de loto. Él personifica los humores siempre frescos de la bondad transcendental y al éxtasis amoroso que surge del canto y la danza de los Santos Nombres. Yo canto con gran deleite las glorias infinitas de mi hermoso Señor Gaurasundara, mi Señor Dorado, la divina morada del amor puro. 

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